![]() |
Es un proceso largo llegar a decir por qué. Después, uno encuentra el porqué. Cuando empecé era un niño y no me animaba a cantar en público, se me complicaba, tenía miedo, el mismo miedo que tengo ahora. Pero resulta que, por esas cosas de la vida, uno tiene que cantar porque es lo que Dios le dio; cantar es como una misión. Estuve años sin hacerlo en público, hasta que un amigo, el ingeniero Alberto Rey, me dijo: ‘Sos tan seguidor de los caminos de Jesús, ¿por qué no querés cantar en público?’ Tenía miedo. Me dijo: ‘Jesús te dio un talento y dijo una vez que nadie prende una lámpara para dejarla debajo de la cama. Tenés que cantar verdaderamente porque Dios te dio eso a vos’. Creo que tenía razón.
Me llevé esta apreciación al campo y en esos paisajes claros, donde uno encuentra tanto lo natural, me di cuenta de que lo que me decía este hombre tan querido para mí tenía un oscuro juicio, debía cantar. Ahí empecé a cantar lo mío hasta atreverme cada vez más. Era como desnudarse. Después, las canciones son hijos, que nacen con un montón de sueños, empiezan a caminar y cada uno tiene su efecto. Y así vamos, luchando, luchando. Por ahí nacen cosas lindas, como creo son las que reflejo en este trabajo.
|
|
El hombre rural vive ahí, en su mundo, toma todo lo que tiene, lo que más puede y en ese paisaje donde empieza a soñar es que encuentra la poesía. De las cosas sencillas es de donde nace todo. Uno nace de esa unión invisible del esperma y el óvulo. Y de ahí, para adelante. Después, cuando empieza a caminar y a sentir, el hombre comienza a sentirse poderoso. Mentira, el hombre es nada. El hombre cree, inclusive, que puede eclipsar lo que otros hacen y eso es mentira. No puede eclipsarlo porque cada persona tiene su luz y ¿cómo la va a tapar? Fijate una cosa, cuando salís afuera y hay una noche rechapeteada de estrellas, las mirás y decís: ‘¡Qué hermosa noche!’ Cada estrellita de ésas tiene su luz y en el golpe de vista no te das cuenta, no alcanzás a analizar la profundidad que tiene eso que mirás. Estás mirando el universo pero, además de eso, cada puntito insignificante, que tiene su luz, está uno de otro a millones de años luz. Eso es toda la galaxia, no sé si me explico. Así pasa con las personas, están una de otra a millones de años luz, no tendrían por qué interferir, tener codicia, envidia porque cada uno tiene sus cosas, su vida y, con relación a otro, está muy diferente y lo que lo une son el amor y las buenas cosas, la amistad. Así pasa. Creo que habría que empezar de a poquito a desprenderse de cuestiones para prenderse a otras, que son muy sencillas, muy camperas, más reales, y perder lo que es subjetivo para ser objetivo. Eso es lo que creo, capaz que se me va la tortuga al jardín. Porque amar y cantar, eso cuesta, decía Zitarrosa y pienso que es cierto, empuñar una guitarra y cantar y amar y querer mejorar siempre va a costar. No se puede evitar y también uno va a sufrir. El cantor del pueblo se ha perdido. Cuando encuentro la canción en otras bocas, me siento más chiquito todavía. Es maravilloso que alguien diga: ‘Esto lo escribió fulano y yo lo digo porque tiene que ver conmigo’. En vez de subirme, eso me hace pensar: ‘Ahora, ¿qué otra cosa digo para mejorar?, ¿cómo me presento?, ¿qué voy a hacer?, ¿qué cuidado tengo que tener para mejorar?’ Está todo ahí afuera. Cuando uno ve a alguien que pasa y se detiene un poquito a conversar, ahí encuentra la cosa. Decís: ‘Ay, no sé qué hacer para llenarme de amor’. Amá lo que tenés alrededor, los hijos, que son el tesoro, la mujer que tenés y, de ahí para adelante, ve. Uno no puede desarrollarse si no es de adentro para afuera. El hombre canta lo que anda pensando, se nutre de eso que lleva en su boca, ese recuerdo querido. Ahí está la explicación de por qué muchas personas andamos con una guitarra cantando, queriendo decir, por ese recuerdo querido que uno tiene. Le escribí a mi abuelo porque lo quise de todo corazón. Vivíamos en un campo por Chillar y había un monte grande. Salíamos a la mañana a caminar y me decía: ‘Escuchá, escuchá esas palomas. ¿Ves esas palomas? ¡Ah, para escucharlas tenés que prender el corazón!’ Y a mí me gustaba porque era un filósofo, la tenía muy clara con esas cuestiones. ‘Este hombre está nervioso gritando acá -decía- pero no voy a quedarme en el metro que mis oídos toman sus gritos. Me voy, son 74 millones de hectáreas.’ Tenía razón, ¿para qué tanta cosa? si tanta cosa... uno se cambia un poco de lugar y listo, se terminó el problema. Uno trae eso a la vida y siempre hay alguien que quiere sentarse donde uno está sentado. Es así en todos los órdenes. Y no funciona así, no sirve porque ¿a dónde va? Uno se cambia un poquito de lugar y ya puede arrancar su camino, contento. En el silbo del viento te dejo este mensaje claro para que puedas permanecer en la lucha de mejorar, creer y sentir que aún no todo está perdido.. ...vaya este pedacito de mi alma; tomalo, es tuyo, es mi mayor deseo, afectuosamente,
|
|
|
RECOMIENDA ESTA PAGINA A UN AMIGO UD ES EL VISITANTE No. |
|
COPYRIGHT 2007 - KRIOTEC - webmaster@kriotec.com
Cla
|
BUSCADOR |
|
|
CLAUDIO SARDE Sitio Web Oficial Kriotec Servicio de asistencia tecnica
_